lunes, 18 de junio de 2018

Crítica de Jurassic World – El reino caído (Sin Spoilers)


Contentísimo y satisfecho con el producto de J.A. Bayona.




Cuando salí del cine habiendo visto la primera entrega de Jurassic World, mis piernas estaban temblando de emoción por todo lo vivido en la película, ya que consiguió recuperar la esencia del primer “parque jurásico”, película que consiguió que un niño de 7 años lograra maravillarse en un cine, allá por el 1993, al ver dinosaurios que parecían vivos.

Jurassic World lo tenía muy difícil pero a pesar de no ser “Jurassic Park” consiguió enterrar a “El Mundo Perdido” y la infame “Jurassic Park III”. Aunque de gran entretenimiento, ambas películas se encasillaron en ofrecer un producto visual superficial en la que el pilar fundamental del filme giraba entorno a unos personajes huyendo a todo trapo de cualquier dinosaurio carnívoro.



La saga “World” a rescatado al que considero el verdadero protagonista de la obra de Michael Chrichton: la ingeniería genética. Y cualquiera que haya leído el libro de “Jurassic Park” entenderá que tanto el parque temático como los dinosaurios son solo el resultado de una carrera armamentística, una guerra fría por la supremacía en el campo de la genética donde explotar nuevas posibilidades de amasar dinero y donde existe un gran mercado negro con intereses muy oscuros.

¿Acaso miento?
Pues recordad al “gordo” de la primera película con aquel pote de espuma de afeitar trucado para robar muestras genéticas para una empresa rival.
El espionaje industrial siempre ha estado ahí y en el libro cobra muchísimo protagonismo mucho antes de leer los capítulos del parque temático con sus protagonistas dentro pasándolas canutas.




La saga “World” se ha atrevido a ofrecer algo distinto que se aleja de la mecánica viciada de las secuelas de la saga “Park”.

Decir que con la primera entrega de Jurassic World, fue un retorno nostálgico en toda regla a mi infancia, como si yo mismo volviese al mismo lugar años después para revivir las maravillas del parque de atracciones y el terror de que los mecanismos de seguridad del parque fallen en la contención de los animales más peligrosos.

Jurassic World – El Reino Caído, es una secuela muy digna de la primera entrega, mostrando una faceta de los dinosaurios mucho más viva jamás vista en otras entregas. Se les ve socializar, que no ir en simple manada. Algo que seguro, el doctor Grant, hubiera dado un riñón por ver. Se les ha visto pasar miedo y tener comportamientos muy “reales y lógicos”, en definitiva, comportamientos naturales que haría cualquier otro animal de nuestro mundo.



He vuelto a mirar a la gran pantalla con chiribitas en los ojos, así como otras en las que he mencionado a la madre de Bayona, no por decepción, si no porque el filme muestra facetas “muy vivas” de los dinosaurios y logra que sientas emociones a lo largo de la película.

He reído, me he sentido aterrado y casi logro llorar. Si, hubo una escena un poco dura, pero no por ser explicita. Ya la mencionaré en la versión con Spoilers.

Además de que el filme cuenta con muchos guiños a Jurassic World y Jurassic Park, un elemento que me pareció muy acertado fue el de rescatar a un personaje infantil para darle un toque de tensión. Si algo había que alabar a Jurassic Park, eran los niños, que tanto la escena del Tiranosaurio como la de la cocina, hicieron un papel espectacular que, a día de hoy, me parece insuperable.



En “El Reino Caído” conoceremos a una niña que, a priori, no parece tener cierto protagonismo hasta que, poco a poco, nos irá llamando la atención poderosamente. Decir que la actuación de esta joven actriz ha estado muy sobresaliente, quizá no superando a los jóvenes actores de la primera cinta, pero si consigue aleccionar a los que aparecieron en Jurassic World.



Ni que decir tengo que para disfrutar de Jurassic World – El Reino Caído, se debe saber disfrutar de estas películas. Pues está de moda inundar las redes con criticas negativas de una película cuyo género no es del gusto del que la menciona, cuyo ser no sabe ver que el problema reside en él y sus gustos, y no en una obra visual que ha conseguido ofrecer nuevas caras, reinventarse a sí misma y mostrar cosas nuevas donde se creía que ya nada podía surgir de ahí.



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