jueves, 21 de junio de 2018

¿Y nos sorprende de que el mundo se vaya a la mierda?


Si un buen día descubres que hagas lo que hagas, los días se tornan angostos cual pasillo claustrofóbico y te dan ganas de vivir a un ritmo más tranquilo, ¡Bienvenido al mundo, Humano! ¡Acabas de despertar!



Puede que tengan razón los teóricos conspiranoicos y vivamos en Matrix, de que exista una realidad tangible más allá de la nuestra y que, ésta que vemos, no es más que un escenario montado para engañarnos de la verdad. Pero tened claro que no estamos conectados a un programa informático, no, ¡Estamos conectados a nuestra ignorancia!
Cada vez que la realidad tangible nos muestra la verdad, preferimos mirar a otro lado, conectarnos y crear un mundo aparte, donde poder inhibir nuestras emociones que nos convierten en desdichados.



No queremos ser responsables porque no estamos preparados para sostener el mundo sobre nuestros hombros, pero no es necesario que exista un titán Atlas cuando hay tanta gente en el mundo. “Solo” es necesario unir nuestras voces.
Tampoco nos atrevemos a imponernos, temiendo ser castigados como lo fue Prometeo por Zeus, por revelarse contra el Olimpo por hacer aquello que creía moralmente justo.

Existe una gran diferencia en hacer lo que crees que está bien y lo que está realmente bien. La primera busca la satisfacción personal, el segundo busca el bienestar entre todos.

Nunca vivirás tranquilo en un mundo que has contribuido a destruir.
Abrazar símbolos y colores, apoyar férreamente las políticas más nocivas solo por sentir subsanado el alma con algo que ni necesitabas.
El vecino, que antes era la persona a la que mutuamente se le deseaba los buenos días, hoy es el “cabrón” de la bandera que cuelga de su balcón. Es el petimetre que responde a un sistema opresor. El simpatizante de tus desgracias.
Ese día, el vecino solo fue a la esquina a comprar el pan y cuando regresó a casa, de sus espaldas colgaron cientos de atributos impuestos por aquel que vio lo que no era: su igual.

De nuestra alma está naciendo un demonio llamado “EGO”, y nunca tuvo tanta presencia en el mundo como hasta ahora. Pensamos en hacer daño y ¡queremos hacerlo! De hecho, ya se hace.

Nos importa bien poco si la puerta del vecino deja de abrirse cada mañana, si reina el dolor entre sus cuatro paredes. Nos importa nuestro Smartphone de 1.200 euros con cámara 4K para grabar las desgracias del mundo y no hacer nada.
Colgar en internet lo que se podría haber evitado y llamar a las personas a vestir colores en sus avatares para otorgarles la falsa sensación de estar contribuyendo a la humanidad.

Pero no es así…

Se reabren los guetos y se alzan nuevas alambradas de espino en campos que albergarán aberraciones hechas de cemento. La gente camina por las calles vistiendo los símbolos que los identifican y que reza que “no eres bienvenido”.



¿Y nos extraña que el mundo se vaya a la mierda?

Qué aquel que comienza a calentar la hoguera sea para invitar al vecino a una barbacoa y no para quemar libros.



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