Los que escribimos fantasía

 

Escribir es un hobby pero también es una disciplina que requiere tiempo y dedicación para madurarla. Luego está la edición, un modelo de negocio que necesita ser entendido para vaticinar los resultados que esperamos. Después está la promoción, la constante batalla que debemos librar para demostrar que existimos: 

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¡Hola! ¿Que tal? Soy David León y soy escritor. 




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Heme aquí, uno más de tantos miles al año. Y no exagero: actualmente en España se publican una media de 80.000 libros al año. Prácticamente son 80.000 autores que ya te están enterrando desde el segundo día en el que asomaste la cabeza. 

Este es un destino que no podemos evitar. ¿Qué podemos hacer entonces? Seguir con otros dos pasos fundamentales: Perseverancia y crecimiento. 


Perseverar, a pesar de los resultados, en seguir haciendo lo que más nos gusta (escribir). Y crecer, pasando de ser un escritor novel a uno de reconocimiento. Aquí es donde ganamos madurez literaria, tanto en la composición como en el aprendizaje de los diferentes recursos narrativos. 


Estos cinco pasos pueden ser muy simples de explicar (como bien expongo), pero son hartos de seguir y requieren esfuerzo. Si te interesa una explicación detallada en base a mi experiencia, hazmelo saber en la caja de comentarios y le dedicamos una entrada a hablar de ello, porque en realidad yo quería hablar de otra cosa: Los que escribimos fantasía.


Es curioso cómo puedes llegar a presentarte cómo escritor frente a alguien a quien le suscita mucho interés lo que haces pero acto seguido, este interés se esfuma como el humo del tabaco cuando le dices que te dedicas al género fantástico. 

Te juro que en más de una ocasión he podido ver los puntos suspensivos dibujándose sobre su cabeza cuando he vivido una situación de estas. 

Debemos de parecer bichos raros por escribir sobre unicornios o hadas... 


¿Es que somos frikis o infantiles por dedicarnos a la fantasía? 


Lo primero, vale, puedo estar de acuerdo y lo segundo es muy posible, pero de verdad que somos personas muy serias cuando nos dedicamos a construir un mundo ficticio en el que basar todas nuestras guerras, y lo suyo nos cuesta, oiga. 


Bien, pues mi primera novela es un puñetero cuento de hadas (La joven bruja de las estrellas) que tenía su propio reto: por exigencias de la composición literaria y el publico objetivo al que iba dirigido, se iba a ver desprovisto de algunos de los pilares fundamentales de una novela (antagonista, giros de trama, etc) y aun así mi reto era darle una historia coherente aun con estas ausencias.


¿Es por ello una mala novela que apenas sobrepasaba las 100 páginas? Lo siento pero no, y no es que la criatura sea guapa porque es de mi creación, es que cuento con el respaldo de varios lectores que han leído mis novelas y han quedado maravillados. 

Soy consciente que editorial Planeta jamás me publicará estos libros, precisamente porque como productos, no son lo suficiente como para venderse por si solos. Soy sabedor que estas historias cuentan con un nicho muy concreto y unas posibilidades más limitadas. No pasa nada siempre y cuando sea consciente de qué producto es el que estoy escribiendo.


Mis dos "hijas" y una tercera que viene de camino




Pues bien, como escritor de fantasía quiero reclamar que nuestro género es uno de los más difíciles de escribir y expongo el por qué: 

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Nada de lo que ocurre es verdad


Al decantarnos por la ficción, debemos hacer un esfuerzo secular por buscar el grado de veracidad de todas las acciones para que nada de lo que mostramos quede como "algo raro" o superfluo. 

Siempre es complicado esta parte en cualquier género pero para nosotros se agrava cuando en tu mundo existen hombres con cabeza de elefante que barritan cuando ven un ratón verde con alas. Es jodidamente difícil dar coherencia a todo lo extravagante de este género y que el lector pueda identificarlo como un elemento familiar. 

Que chorrada lo de los hombres con cabeza de elefante, ¿verdad? Pues quizá no tanto si nos fijamos en el Dios Ganesha, de la mitología Hindú. 

Tienes la idea por una parte y la referencia por otra. Ahora busca un punto intermedio entre la frescura y lo ya conocido para que este elemento sea familiar pero original al mismo tiempo. 

La ficción siempre es complicada por este punto, pero recalco que entre Dioses, monstruos y mortales, la búsqueda de la veracidad se antoja harto complicado. 






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Un mundo de 36 horas al día






A pesar de que el subtitulo de este apartado parezca una tontearía, realmente no lo es si me explico bien: Muchos novelistas de ficción se centran en una época histórica de nuestro mundo. 
Ello conlleva un trabajo de investigación apabullante detrás de esto. No pueden saltarse ni un miserable detalle sin que este sea catalogado de Error 404. Errores que pueden llevar a reescribir una buena parte de la novela por una nimiedad. 

Ejercicio: ¿podrías colocar un espejo como mueble de un dormitorio en la Edad Media? Te doy la respuesta a pie de página. ***

Nosotros no nos centramos en un periodo histórico, y eso puede parecer una ventaja ventajosa pero realmente es una putada: no contamos con un trasfondo sólido.
Podría hacer un libro de ficción ambientado en la España de 1938. Efectivamente, voy a contar con la guerra civil como trasfondo de la historia, pero en el género fantástico, pierdes ese punto de apoyo. 

Tu tendrás que inventarte las naciones, sus líderes y sus disputas así como sus declaraciones de amistad. Las efemérides, la cronología y los hechos históricos de mayor relevancia. Realizar un mapamundi no es cosa baladí sobre todo cuando uno no es cartógrafo ni entiende de accidentes geográficos. Pero ahí estamos, al pie del cañón, dando existencia a lo que nunca existió. 

Como dato curioso, en mi segunda novela (La joven bruja de las esferas) incluí una cámara de fotos. No una Polaroid, por supuesto, así que tuve que investigar los antecedentes e "inventar" una miniaturización de la cámara oscura para que este elemento tuviese cierta coherencia. 


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Extrapolación de la belleza humana



Muchos pensarán que tenemos la cabeza en las nubes por pensar en animales fantásticos que cobran vida y conviven con la raza humana y otros seres. Pero este dato viene dándose de manera natural en nuestra existencia desde mucho antes de la llegada de la ilustración. Diversas civilizaciones y culturas representaban animales híbridos o antropomórficas, que eran creencias divinas o maléficas. Todo un zoologico imaginario que contribuía a alimentar el espíritu humano. Lo que hacemos es rescatar esa vieja costumbre de sentirnos representados bajo formas o parajes imaginarios. 

Investigamos cada recoveco del espíritu humano y lo extrapolamos en forma de gran belleza. Desde el caballero que se enfrenta un poderoso dragón como símbolo de la superación, a un súcubo pernicioso y tentador que representa nuestros deseos y pasiones más oscuras y prohibidas. 

No estamos haciendo nada que no se haya hecho antes, simplemente continuamos lo que iniciaron nuestros ancestros, con la salvedad de que a veces le damos nuestro propio toque de originalidad. 

Mis dos obras y la que tiene que venir en camino, se centra muy mucho en el espíritu humano y cómo puede esta madurar a través de una disciplina. Pero también hablo sobre el limite de la moralidad, la dualidad y otros pensamientos. Puede parecer un tostón hablar de estos temas, pero como no es un libro de autoayuda, todos estos elementos se transfiguran bajo otras representaciones. 







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Somos ese otro tipo de escritor



Pienso, y no creo que me equivoque, que en este oficio existen dos tipos de escritores: los que quieren decir algo y los que quieren mostrar algo. 

El primero se inicia en la literatura haciendo caso a esa vocecilla que durante años le hablaba y cuyos pensamientos y emociones mantenía reprimidos de alguna manera. La feminidad, la politica, la sociedad o la persecución de la clase reprimida. Y buscará la manera de hacerse oír a través de una historia en la que pueda manifestarse. 

Luego está el segundo (Nos), que sentimos que en nuestro interior existe un mundo que merece ser explorado. Realizamos un trabajo retrospectivo y terminamos por conocernos a nosotros mismos, pues este mundo que sentimos es nuestra propia alma palpitante. Es entonces cuando nos abrimos al conocimiento y nos despojamos del miedo a lo desconocido. Después lo escribimos con nuestras palabras con el fin de mostrarlo al mundo. 

Otra gran diferencia entre estos dos tipos de escritor es que el primero es mucho más directo en transmitir su mensaje a través de su libro. El segundo es más lento: te introduce poco a poco, te presenta sus costumbres y sus personajes, que hablan a través del escritor. Llegas a conocer al autor de una manera más intima, pero el mensaje de su libro queda cifrado. 

Nosotros también tenemos cosas que decir, pero nuestros argumentos quedan recubiertos con una espesa capa de frikismo que puede asustar a los lectores más "realistas".  :`( 
 





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Pretender brillar donde ya hay luz


El mayor enemigo del escritor fantástico es la fantasía en si misma. Cuando te presentas a un editor y le muestras qué es lo que tienes, uno tiene dos opciones: cruzar los dedos para que le guste o presentar tu novela demostrando que no es una más. 
El género puede estar trillado y tuvo un auge gracias a las versiones cinematográficas de El Señor de los Anillos, pero ya sea por este o por Harry Potter, uno tiene la sensación que los editores están cansados de recibir manuscritos de este género. No se, quizás otros están esperando al próximo Andrzej Sapokowski español. 

Está claro que la fantasía funciona, sea en el cine, las series o los videojuegos. Siempre habrá publico dispuesto a consumir las historias más variopintas que consigan emocionar sus corazones. 
Me siento tentado por otros géneros y muy probablemente acabaré escribiendo historias fuera de mi zona de confort, pero se que donde me siento como pez en el agua es aquí: en mi mundo interior. 





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Mi andada literaria comenzó con LA JOVEN BRUJA DE LAS ESTRELLAS, una puerta que atravesé hace mucho y no me apetece cerrarla. Un mundo donde los humanos conviven con las brujas y hay lugar para contar cualquier historia. Un mundo donde el equilibrio entre la luz y la oscuridad se ha roto. Un mundo que existe en algún lugar de nuestro universo. 

Siempre tendré a una bruja para protagonizar las historias más emocionantes. Hay lugar para las aventuras, para las fábulas, para las gestas épicas, incluso para la tristeza. Historias que quieren contarse a través de 7 libros más pero necesitan tiempo para materializarse, y aún así nada garantiza que ninguno de estos títulos pueda tener la oportunidad que ando buscando, pero si dejo de buscar, entonces es seguro que nunca la tendré. 







***El espejo, como mueble de habitación, empieza con el siglo XVI, pues aunque durante los dos siglos anteriores se citan algunos ejemplares históricos apenas era conocido y su uso era poco corriente.




P.D: se me olvidaba la parte más importe


Ya ha dejado expuesto que la nuestra no es una tarea sencilla a la hora de escribir fantasía pero si además lo enfocas al publico infantil o juvenil, la dificultad se acentúa. Es relativamente fácil llamar la atención de un adulto para que te lea, pero si consigues que te lea un joven, tienes un mérito ganado que quizá ni sepas de su importancia. Y te la resumo en dos apartados: 

1 - Un infante tiene una capacidad de imaginación abrumadora, una que con la edad se acaba perdiendo. Si consigues maravillarle con tu mundo, estás de muy enhorabuena. No solo estas demostrando una imaginación apabullante, sino que además, tienes mucha conexión con tu niño interior. 


2 - Un infante tiene muchas otras distracciones y muy estimulantes además, que consigas detenerle para que centre toda su atención en tu libro, eso es sinónimo de la calidad de tu obra pues habrás impuesto tu capacidad narrativa al mismo nivel de estimulación de todo lo que le rodea (y hoy dia no son pocas).  


Me vanaglorio de poder decir que una niña de 6 años ha leído mi novela dos veces (LA JOVEN BRUJA DE LAS ESFERAS) de casi 300 páginas. La leyó una primera vez y quedó encandilada, al dia siguiente, su madre la descubrió leyendolo de nuevo desde el principio, y es que alegaba que el libro le había gustado tanto que lo estaba repitiendo. Al terminar se lo recomendó a una amiga y se lo prestó. Al cabo de los días le dijo a su madre que, si me veía, que me preguntase si "tenía algo más". La niña quedó con las ganas de leer más cosas que llevaran mi nombre. 

Así que, ¡qué carajo!, sigamos escribiendo aunque el numero de ventas no sea el esperado. El éxito a veces se mide con pequeños logros que refuerzan el alma. Solo espero que en el futuro, nuestra literatura sea capaz de maravillar a la Inteligencia Artificial, y no al revés.











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